ARTE EN MINIATURA
Bajo la forma de muebles deliciosamente pequeños, el imperio de lo mínimo recupera protagonismo y se reescribe en clave decorativa y conceptual.
En medio de antigüedades que la doblan en tamaño y en edad, la sillita (una Thonet perfecta), provoca el mismo delicioso asombro que seguramente sentimos ante nuestro primer juguete. “no son juguetes, pero estos muebles diminutos generan una reacción bastante parecida”.
Estas muestras de micromobiliario han sido incorporadas como elementos de ambientación. Suspendidas de un hilo, colocadas sobre la chimenea o bien usadas como apoya libros en la biblioteca.
Lo pequeño siempre nos retrotrae a la infancia, y por eso la gente se siente tentada a jugar.
Los diseños a escala han jugado un rol clave dentro de la evolución histórica del mueble, y ya desde la Edad Media, aparecen magníficos ejemplos. A veces se trata de la maqueta, lo que hoy denominaríamos prototipo (una primera versión en tamaño reducido del mueble que se va a desarrollar) Antiguamente encargar un mueble era algo tan caro que quienes podían permitirse ese lujo, siempre le pedían al ebanista una muestra para poder imaginar mejor como se vería el trabajo final. Junto con esto, y como una práctica que también data del Medioevo, las corporaciones de fabricantes de muebles establecieron, que, para ganar el título de “maestro del oficio” y como coronación de sus estudios, todo aprendiz debía realizar una pieza en miniatura (denominada “obra de arte de maestría” que reflejara el saber adquirido.
De hecho, el castillo de Vendeuvre, en Francia, atesora varias decenas de estas maravillas chiquitas y anónimas, ya que (fieles al espíritu de su corporación) los autores de los mini-muebles no debían aspirar al reconocimiento de su nombre, sino a la celebridad del trabajo de su gremio.
UNIVERSOS DIMINUTOS
La de las obras de arte de maestría son una encantadora tradición que pervive hoy en la mayoría de las escuelas de arte europeo. Pero no son sólo los jóvenes maestros quienes se animan a encarar una pieza pequeñita. A veces la concreción de una pieza a escala forma parte del proceso creativo que presupone el desarrollo de todo mueble.
A LA MEDIDA DE LOS SUEÑOS
Minúsculas obras de orfebrería para engalanar santos y vírgenes, curiosos mini-pianos del siglo XVIII que ocultan en su interior un costurero completo, soldaditos, carruajes y cañones de plata pura como esos con lo que jugaba de niño Luis XIV, relicarios pequeños retratos con la imagen de la persona amada….Si, definitivamente el mundo de lo pequeño tiene algo de juego infinito y será precisamente por so que (puestos a reducir) los humanos lo han empequeñecido casi todo. De hecho la historia cuenta que en el siglo XVIII, y solamente en París, había cerca de 6000 personas trabajando en la industria de lo liliputiense, elaborando desde cristalería hasta alfombras, muebles, joyería, libros y retratos mínimos. Estos últimos surgieron cuando, al inventarse la imprenta, los artistas que ilustraban manuscritos o miniadores (de donde surge de hecho la palabra miniatura) se quedaron sin trabajo y comenzaron a ofrecer a sus clientes sus retratos hechos en la misma técnica.
Ahora encontramos que la diferencia está , que ahora no son sólo los hobbistas y coleccionistas quienes se interesan por nuestras piezas, sino también quienes diseñan vidrieras o decoran casas.
El imperio de lo mínimo, contra todas las previsiones, ha logrado sobrevivir al tiempo y alas modas. Y hoy reclama con más fuerza que nunca, el lugar de honor que le corresponde.

