
La serenidad de las formas puras.
Respetando el lenguaje modernista de una casa construida en los años sesenta, se realizó una reforma impecable que tuvo entre sus mayores logros traer la claridad necesaria para admirar la delicadeza de sus líneas originales.
La solidez de los volúmenes y el hermetismo que presenta la fachada poco dejan sospechar la clara transparencia que impera en el interior de la casa.
Un rincón del living, limitado por grandes ventanales que dan a la calle. Para proteger el interior de las miradas de los caminantes sin perder luminosidad, se recurrió a vidrios esmerilados de un suave blanco, que recién se transforman en paños transparentes a una altura prudencial.
El living se realiza junto a una gran chimenea de líneas horizontales, revestida en piedra y rodeada de paños fijos de vidrios esmerilados. Rodean la mesa de chapa, sobre la cual se apoyan coloridos cuencos de fieltro, amplios sofás, sobre uno de ellos, manta de terciopelo chocolate con rayas de colores. La iluminación está dada por esferas de vidrio estratégicamente ubicadas, lámparas de mesa y de pie.
En la biblioteca, el mueble de madera disimula una escalera por la que se baja a la sala de cine. El textil cuelga de la ventana y los aguayos sobre la baranda, lámpara tejida. El escritorio delante de un paño fijo que da al jardín, donde se ubicó una mesa de estilo Le Corbusier y una silla giratoria.
Contrarrestando el peso del alucinante piso de granito con incrustaciones de mármol, el comedor es de una transparencia casi total. Conectado con el jardín externo y el interno, el comedor disfruta de la inmediatez de la nueva piscina, que reemplazó a la clásica en forma de riñón. Tras la reforma se hizo una raja, para separarlo de la cocina, ambiente que a su vez, ganó un enorme ventanal que da a un patio cubierto. La mesa está rodeada de sillas revestidas de cuero.
Como una gran pecera en la que flotan leves las hojas de los helechos, el jardín interno es un cubo de luz que se aprecia e toda la planta baja.
La escalera que nace en el hall principal desemboca en un corredor donde se ubicó un segundo escritorio.
El paño fijo que se colocó frente al escritorio del segundo piso hace que su estrechez se olvide frente a la visión permanente de la terraza.
El pasillo revestido con parquet de roble, vincula los cuartos de los chicos. Los baños se recuperaron con artefactos nuevos y agregados de cemento alisado, dejando los mármoles originales, levemente amarillentos.
Colores vibrantes para el dormitorio principal que , como los del resto de la casa, tiene una superficie cómoda pero acotada, según se acostumbra construir en los 60. La pared pintada de naranja hasta media altura hace de respaldo de la cama, u remata en un estante donde se apoyan cuadros.
Después de haber recubierto la pintura asfáltica original con un cálido deck de madera,, la terraza es un espacio que se aprovecha todo el año. Poblado de plantas y de enredaderas que suben del jardín, el piso es de deck.




