Amarillo ocre, verde manzana, azul francia…El color ha sido el mejor instrumento para rejuvenecer esta encantadora chacra, y su rehabilitación, el toque personal de su propietaria.
El recibidor, para acentuar su luminosidad, se pintó en verde manzana, se restauró la puerta de entrada, de vidrio, hierro y madera, y se adaptó un gran espejo sobre un mueble hecho a medida en madera de raíz. Este oculta el contador de la luz, sirve de armario y coordina con la calidez del entorno.
El living, es el centro neurálgico de la casa, pintado de amarilo ocre, hace juego con la madera de muebles y vigas. La librería y el mueble bajo se hicieron a medida en cerezo. El sillón tapizado con tela, coordina con el clásico sillón Vassily, y con el silloncito Butterfly. La mesa del centro, pintada decapé y el kilim, turco.En esta vivienda aún se conservan los viejos patios umbríos, con las típicas jardineras revestidas en cerámica, y en los interiores se mantienen los arcos abovedados, las grandes alturas y los techos de vigas. Pero quizás su mayor peculiaridad se encuentre en el tratamiento del color, puro, casi primitivo.

