En la rehabilitación de esta casa de 300 metros cuadrados se ha respetado la arquitectura original, de porte casi solariego. Los exteriores privilegiados cobijan plantas y flores de diferentes especies.
Sus propietarios aficionados a la pintura y a las antiguedades, deseaban contar con una vivienda acondicionada para disfrutar de las vacaciones de verano.
En la remodelación, se respetó su arquitectura de la fachada exterior, de estilo colonial.
En el interior se conservaron los elementos propios, cerámica de suelos y techos, su cálida madera. El resultado es una decoración hogareña y muy natural.
La casa está perfectamente distribuida en 3 plantas. Cada detalle ha sido cuidado al máximo.
En la planta baja el espacio se distribuye en dos zonas separadas por un pequeño escalón, un taller de pintura y una coqueta sala de estar.
El techo de piedra abovedado, se ha pintado hasta media altura en color amarillo y el resto de gris. Los estantes del taller repletos de variopintos, utensilios de cocina, cuencos de barro cocido e infinidad de potes de pintura, son de obra a la vista y se han revestido con azulejos de mosaico antiguo. En el centro se ha ubicado una mesa de delineante, un pequeño taburete y un carrito que guarda todo tipo de cosas. La vieja mecedora, el banco de madera y la pequeña chimenea antigua acentúan la rusticidad de la estancia.

